domingo, 14 de marzo de 2010
El Botón
"¡No!", fue la palabra que chocó con dureza en la terca mente del joven Perry. Se la mencionó su mamá, anciana y decrépita de cuerpo y mente, mas no de espíritu emprendedor. Perry no aceptaba los negocios en que su mamá lo involucraba, muchas veces ligados a la desgracia de otras personas tan maquiavélicas como la anciana. "Ni ellos se merecen estas atrocidades", consideraba el muchacho. "¡No! No te metas en lo que no te importa", le espetaba su madre. Él deseaba arrancarle esas palabras y desterrarlas para siempre, y meterla en un acilo de personas malignas. Pero él también sabía que todo el dinero del mundo, el que se le permitía tirar por el retrete si quisiera, era gracias a la complicidad que él tenía con la mente perversa de la señora. Pero cierto día, cuando la negativa de la mujer rompió en mil pedazos la mente del muchacho, él se fue y no regresó más. Ella jamás lo extrañó, aunque su negocio ya no pudo seguir.
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