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sábado, 15 de octubre de 2011

El confort está en la posibilidad de confort sin nunca llegar al confort

Título original: Sobre no observar siempre desde el mismo ángulo porque entonces se perderá el tiempo observando aunque observar sea un excelente hábito pero si se lo hace mal no valdrá ni que se haya observado por un tiempo prolongado, más hubiera valido haber observado desde diversos ángulos por un tiempo más corto

Hay que salir de la zona de confort para observar desde distintos ángulos. No para ir al inconfort, sino para experimentar cosas nuevas. Si se ha llegado a sentir cómodo observando es porque ya no hay nada qué observar desde donde se está, entonces, ¡a salir de ahí aunque se esté confortable! No hay manera de observar bien si siempre se hace desde el mismo ángulo (desde la misma toma fija) porque tarde o temprano se habrá explotado todo lo que ese ángulo tenía que decir sobre lo observado; porque la rutina habrá vuelto monótono lo observable. Lo observable es siempre cambiante, pero si se le mira desde el mismo punto, parecerá hacerse monótono.

Muchas veces llego a mi zona de confort al saber que puedo pensar cosas que luego leeré con regocijo, entonces, ¿cómo salir de esa zona de confort? ¿Acaso será pensando estupideces? Más bien es pensando cosas diferentes de las cuales aun no tenga un pensamiento completo. Se trata de no quedarse en lo que se ha hecho para reproducirlo (releerlo, rebobinarlo, etc), sino en producir más cosas que sean reproducibles.

4 razones de la adicción a los juegos de azar

Las siguientes son 4 razones de la adicción a los juegos de azar (aplicables también a la adicción a jugar en sí):

1
La clave del juego es sentirse predestinado a ganar. Aunque de 100 personas sólo gane uno, la persona se siente ese uno. Por eso la excitación por el juego, aunque de 100 intentos sólo se gane una vez.

2
La transgresión lleva al juego. Al jugar se transgreden todas esas voces que dicen "no juegues". Tales voces vienen del interior. Al transgredirlas el jugador se siente liberado.

3
Tener un fin superior que dé permiso de jugar. Es decir, jugar en nombre de un objetivo en el que la propia voluntad está depositada. Este fin superior se convierte en una excusa para jugar. El juego se convierte en prioridad, lo demás es secundario.

4
El clima de alegría en torno al juego. El jugar despierta la pasión, por ello desde niños se le da una importancia enorme al juego: en torno al victorioso en el juego (casi siempre por azar, no por habilidad) hay siempre un séquito de personas ávidas de alegría, que dan a su vez alegría. Por ello el deporte (siendo un juego de habilidad y de azar) genera tanta industria.

*Quizás hayan más razones. Recomiendo leer "El Jugador", de Fedor Dostoyevski.